¿Qué tipo de escritor quieres ser este año?



El inicio de un nuevo año suele venir acompañado de listas, propósitos y expectativas. En el mundo de la escritura narrativa, enero se llena de metas ambiciosas: terminar una novela, publicar un libro, escribir todos los días, abrir un blog, ganar un concurso. Sin embargo, antes de decidir qué quieres lograr, hay una pregunta más profunda y mucho más útil que conviene hacerse: ¿qué tipo de escritor quieres ser este año?

No es una pregunta menor ni decorativa. La forma en que te defines como escritor influye directamente en cómo escribes, cuánto disfrutas el proceso y qué tan sostenible resulta tu práctica creativa a lo largo del tiempo. No todos los escritores buscan lo mismo, ni deberían hacerlo. Y entender eso es el primer paso para dejar de compararte y empezar a avanzar con mayor claridad.


No todos los escritores buscan lo mismo

Existe una idea bastante extendida —y poco realista— de que todo escritor “serio” debe aspirar a publicar, a producir constantemente o a vivir de lo que escribe. Pero la verdad es que la escritura cumple funciones muy distintas según la persona que la practica.

Hay quienes escriben porque necesitan comprender el mundo o comprenderse a sí mismos. Otros buscan mejorar su técnica narrativa, dominar estructuras, experimentar con la voz o el punto de vista. Algunos disfrutan del proceso íntimo de escribir sin ninguna intención de mostrarlo. Otros, en cambio, tienen una meta clara de publicación y trabajan estratégicamente para alcanzarla.

Ninguna de estas motivaciones es más válida que otra. El problema aparece cuando intentas perseguir objetivos que no responden a tu deseo real, sino a expectativas externas. Por eso, antes de plantearte diez metas para el año, conviene detenerse y pensar qué relación quieres tener con la escritura durante los próximos meses.


Tipos de escritores frecuentes (y lo que puedes aprender de cada uno)

A lo largo del tiempo, es posible identificar ciertos perfiles que aparecen con frecuencia en talleres, comunidades y procesos creativos. No son categorías rígidas ni definitivas, pero pueden ayudarte a reconocerte y a reflexionar sobre tus hábitos actuales.

El escritor explorador

El escritor explorador escribe movido por la curiosidad. Le interesa probar géneros, voces, estructuras, estilos. Empieza historias sin saber exactamente a dónde van y disfruta del descubrimiento que ocurre mientras escribe. Para este tipo de escritor, el proceso es tan importante como el resultado.

Su mayor fortaleza es la libertad creativa. Su mayor riesgo, la dispersión. Si te identificas con este perfil, quizá este año puedas proponerte explorar con mayor intención: elegir un tema central, un tipo de historia o un recurso narrativo que quieras investigar a fondo, sin perder el placer de experimentar.

El escritor disciplinado

El escritor disciplinado prioriza el hábito. Escribe con regularidad, establece horarios, metas semanales o mensuales, y entiende la escritura como una práctica constante. No espera a que llegue la inspiración: escribe incluso cuando no tiene ganas.

Su fortaleza es la constancia. Su riesgo, convertir la escritura en una obligación mecánica. Si este es tu perfil, tal vez este año puedas preguntarte cómo devolverle juego, riesgo o emoción a tu proceso, sin perder la estructura que ya has construido.

El escritor perfeccionista

El escritor perfeccionista cuida cada palabra. Reescribe, corrige, pule, revisa. Tiene un alto estándar para su propio trabajo y una gran sensibilidad por el lenguaje. Muchas veces sabe detectar fallos narrativos con precisión.

Su fortaleza es la calidad. Su riesgo, el bloqueo. Si te reconoces aquí, quizá este año puedas trabajar en permitirte escribir versiones imperfectas, borradores que no buscan ser definitivos, textos que existen para avanzar, no para ser impecables.

El escritor intermitente

El escritor intermitente escribe por rachas. Puede pasar semanas o meses sin escribir y luego producir intensamente durante un periodo corto. Suele sentirse culpable por no ser constante y tiende a reiniciar sus propósitos una y otra vez.

Su fortaleza es la intensidad creativa. Su riesgo, la frustración constante. Si este es tu caso, más que proponerte escribir todos los días, quizá este año puedas buscar una relación más amable y realista con tu ritmo, construyendo pequeñas rutinas sostenibles.


No se trata de encasillarte, sino de observarte

Es importante entender que no eres un solo tipo de escritor. A lo largo del tiempo, puedes moverte entre varios perfiles según el momento vital, el proyecto en el que estés o incluso el estado emocional. El valor de estas categorías no está en etiquetarte, sino en ayudarte a observarte con mayor claridad.

Cuando entiendes cómo escribes, puedes tomar decisiones más conscientes: qué tipo de metas te convienen, qué expectativas necesitas ajustar y qué hábitos vale la pena fortalecer o transformar.


Elegir una intención narrativa para el año

Uno de los errores más comunes al empezar el año es plantear demasiados objetivos al mismo tiempo. Queremos escribir más, escribir mejor, terminar proyectos, aprender teoría, publicar, crecer en redes, leer más y corregir todo lo pendiente. El resultado suele ser abrumador.

Una alternativa mucho más efectiva es elegir una intención narrativa principal para el año. No es un objetivo cuantificable, sino una brújula que orienta tus decisiones.

Algunos ejemplos de intención narrativa pueden ser:

  • Escribir con mayor honestidad.
  • Terminar lo que empiezo.
  • Aprender a estructurar mejor mis historias.
  • Recuperar el disfrute al escribir.
  • Construir un hábito sostenible.
  • Explorar una voz propia.

Esta intención no elimina otras metas, pero les da coherencia. Funciona como un filtro: cuando dudas si aceptar un reto, iniciar un proyecto nuevo o abandonar otro, puedes preguntarte si esa decisión está alineada con la intención que elegiste.


La relación con la escritura también se construye

A veces hablamos de la escritura como si fuera solo una habilidad técnica, pero en realidad es también una relación. Una relación que se ve afectada por el miedo, la exigencia, la comparación y el cansancio.

Preguntarte qué tipo de escritor quieres ser este año implica preguntarte qué tipo de relación quieres tener con la escritura. ¿Una relación basada en la presión o en la curiosidad? ¿En la culpa o en el compromiso? ¿En la exigencia constante o en el aprendizaje continuo?

No se trata de bajar el nivel ni de conformarse, sino de construir una práctica que puedas sostener sin romperte en el intento.


Escribir con intención, no con ansiedad

El comienzo del año no necesita ser grandilocuente. No necesitas prometerte que este será “el año definitivo” ni cargar sobre la escritura todas tus expectativas. A veces, el mayor avance ocurre cuando eliges con calma quién quieres ser mientras escribes.

Tal vez este año no publiques, pero escribas con mayor claridad. Tal vez no termines un libro, pero construyas un hábito más honesto. Tal vez no cumplas todas tus metas, pero entiendas mejor tu proceso.

Y eso, en el largo plazo, también es avanzar.




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